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Con cifras contundentes, hitos concretos y una visión compartida de futuro, el programa Construye2025, impulsado por Corfo, celebró sus 10 años de existencia en una ceremonia realizada el pasado 22 de enero en la Casa de la Cultura Anáhuac del Parque Metropolitano. La actividad reunió a autoridades, gremios y actores clave del sector construcción, dando cuenta del impacto alcanzado por una iniciativa que ha logrado sostenerse a lo largo de tres gobiernos, consolidando una agenda de transformación productiva, normativa y cultural para el país.

Entre los participantes destacaron el vicepresidente ejecutivo de Corfo, José Miguel Benavente; el vicepresidente de la Cámara Chilena de la Construcción, Claudio Cerda; y el presidente de Construye2025, Francisco Costabal, junto a representantes de ministerios, organismos públicos, academia y empresas del rubro.

Durante el evento se realizó un balance de los principales logros del programa, entre los que se cuentan la creación del Consejo de Construcción Industrializada (CCI) en 2017; la publicación del Estándar BIM en 2019, cuya adopción pasó del 22% al 46%; la Hoja de Ruta de RCD y Economía Circular en Construcción al 2035; la implementación de cinco Acuerdos de Producción Limpia; la promoción del Índice de Productividad Laboral de la Construcción; la captación de 270 mil dólares del Banco Interamericano de Desarrollo para el desarrollo del proyecto RED ECC; y la consolidación de dos centros tecnológicos de referencia: CTEC y Cipycs.

Metodologías participativas para la economía circular

En este proceso, IUS Latam tuvo la oportunidad de contribuir activamente al desarrollo de la Hoja de Ruta de RCD y Economía Circular en Construcción al 2035, aportando metodologías participativas orientadas a la escucha profunda, la articulación de actores y la sistematización de experiencias territoriales y sectoriales. Estas metodologías permitieron conectar visiones del mundo público, privado y académico, generando espacios de confianza y co-creación que fortalecieron la legitimidad y adopción de los lineamientos estratégicos.

El enfoque colaborativo impulsado por Construye2025 ha sido clave para traducir la economía circular desde un concepto técnico a una práctica concreta, integrando aprendizajes, pilotos, instrumentos normativos y capacidades instaladas en el ecosistema productivo, con una mirada de largo plazo alineada con los desafíos ambientales y sociales del país.

Calidad de vida de las familias

En su intervención, José Miguel Benavente evocó la figura de Eduardo Bitran, antecesor en el cargo al inicio del programa, destacando “la visión que hubo en ese tiempo en la autoridad pública, junto con el mundo privado, para instalar un espacio de coordinación y de trabajo conjunto”. Asimismo, señaló que “se han invertido más de 2.400 millones de pesos directamente en el programa Construye2025, y más de 50.000 millones de pesos apalancados tanto desde el mundo público como privado en estos años”.

Por su parte, Claudio Cerda subrayó los avances en productividad, indicando que “en promedio, la productividad ha subido un 8%”, y que en las empresas que adoptan los métodos modernos de construcción promovidos por el programa, las mejoras alcanzan el 20% o más, en comparación con aquellas que no han incorporado estas prácticas.

Francisco Costabal, en tanto, recordó que hace una década muchos dudaban de la posibilidad de sentar en una misma mesa al Estado, las empresas y la academia para pensar la construcción a largo plazo. “Hoy podemos decir que este espacio se ha consolidado, permitiendo validar, priorizar y codiseñar instrumentos fundamentales para Chile. Nuestro trabajo tiene un propósito claro: que las familias chilenas tengan una mejor calidad de vida, mejores viviendas, mejores barrios y mejores ciudades”, afirmó.

El espíritu de la Familia RCD

En el marco de Construye2025, la llamada familia RCD se consolidó como una red de colaboración virtuosa que trascendió los roles institucionales para transformarse en una verdadera comunidad de aprendizaje y acción. Empresas, organismos públicos, academia, gremios y consultores especializados trabajaron de manera articulada, compartiendo experiencias, datos, pilotos y aprendizajes en torno a la gestión y valorización de los residuos de la construcción y demolición. Esta lógica colaborativa permitió construir confianza, alinear visiones y acelerar soluciones concretas, demostrando que la economía circular no se impone desde un solo actor, sino que se cultiva cuando existe propósito compartido, escucha activa y voluntad de co-crear un nuevo estándar para el desarrollo sostenible del sector construcción en Chile.

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