En nuestra interpretación creemos que los desafíos complejos —territoriales, productivos y culturales— solo se resuelven de manera sostenible cuando se abordan desde procesos participativos bien diseñados, capaces de articular visiones diversas y transformarlas en acuerdos estratégicos. En este sentido, la metodología Voz Futuro, desarrollada por IUS Latam, ha demostrado ser una herramienta de alta efectividad para construir consensos en contextos multisectoriales, donde convergen saberes técnicos, identidades locales, intereses productivos y proyección de mercado.
Un ejemplo emblemático de este enfoque es el caso de éxito de la marca asociativa Almaule, que surge a partir de un espíritu de colaboración con sentido estratégico entre seis viñas del secano interior de la Región del Maule. Acompañadas por la Corporación Regional de Desarrollo Productivo y la Agencia de Innovación IUS Latam, el proceso permitió a las viñas lograr un acuerdo histórico: poner en valor la cepa País, la más antigua de Chile, como eje identitario, productivo y cultural de un proyecto común.

La cepa más antigua de Chile
Almaule es mucho más que una marca de vino. Es un tributo a la riqueza cultural del secano maulino y a la resiliencia vitivinícola que, desde 1548, dio origen a una de las industrias más emblemáticas y reconocidas de Chile en el mundo. La cepa País —originaria de las Islas Canarias y traída por congregaciones religiosas españolas— se adaptó de manera natural al secano del Maule, especialmente en zonas como Loncomilla y Cauquenes, dando lugar a una vitivinicultura simple, austera y profundamente ligada a las comunidades, sus costumbres, su arquitectura y su forma de habitar el territorio.

Desde una perspectiva estratégica, la marca Almaule se construyó a partir de definiciones de producto consensuadas mediante un proceso participativo, que hoy funcionan como una guía enológica y de posicionamiento para las viñas fundadoras y futuros productores. El objetivo de la estrategia es aumentar el valor del vino y de la uva País, cuidar los atributos vitivinícolas y de marketing, y posicionar a la cepa como un verdadero embajador del Maule, alineado además con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) del territorio.

Almaule se define como un vino tinto del año, fresco, rústico, jugoso y sabroso, elaborado a partir de parras viejas de más de 30 años, cultivadas en cabeza y sin alambres, con un mínimo de 90% de cepa País. Proviene de comunas como Talca, Pencahue, San Clemente, San Rafael, San Javier, Villa Alegre, Parral, Linares y Cauquenes. Es un vino de baja graduación alcohólica (en torno a 12,5°), seco, límpido y de aromas netos, pensado para ser disfrutado especialmente en primavera y verano.

El proceso de consenso también permitió definir con claridad su segmento objetivo, orientando la marca principalmente a un público femenino joven (22 a 35 años), sin excluir a un segundo segmento masculino adulto. Esta definición se sustenta en estudios de mercado y en una comprensión profunda de los vínculos emocionales y simbólicos que muchas mujeres establecen con el vino: como un gesto de autocuidado, un momento de disfrute, una pausa consciente o un espacio de encuentro con otras.

En este sentido, Almaule conecta con distintos escenarios de consumo femenino —no excluyentes entre sí— que van desde el disfrute personal y hedonista, la intimidad y la seducción, hasta el empoderamiento, la inspiración consciente y la hermandad entre amigas. Una narrativa que no se impone desde el marketing tradicional, sino que emerge del diálogo, la escucha y el consenso, tal como propone la metodología Voz Futuro.
Finalmente, Almaule representa el valor profundo de las marcas asociativas construidas desde la colaboración: permite a los productores acceder a economías de escala, fondos públicos, acciones conjuntas de marketing, misiones comerciales y aprendizajes compartidos, impactando positivamente en el valor de la uva, la sostenibilidad del negocio y la calidad de vida de las comunidades del secano.
Este caso confirma una convicción central de IUS Latam: cuando las conversaciones traen preguntas de calidad y se dan en el momento adecuado, con metodología y propósito, los acuerdos no solo son posibles, sino que pueden transformar industrias completas e impactar el desarrollo territorial, conectando patrimonio, identidad, mercado y futuro.

